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PROYECTO DE CONVIVENCIA EN LOS CENTROS

El papel del alumnado mediador

El CEIP Juan Rufo comenzó el año pasado la experiencia de que fueran los propios estudiantes los que intervenieran entre sus compañeros en caso de conflictos en las aulas. Escuchar a las partes, aclarar el problema y ayudar a proponer soluciones son algunas de sus tareas.

 

Imagen identificativa de la red de mediación puesta en marcha en el CEIP Juan Rufo. - CÓRDOBA

CHARO MORALES COORDINADORA PLAN DE CONVIVENCIA CEIP JUAN RUFO
26/09/2018

El conflicto es algo natural que sucede en nuestras vidas, solo que conforme nos vamos haciendo adultos, las normas sociales, el autocontrol y la adquisición de herramientas nos ayudan a resolverlo de manera pacífica, en la mayoría de los casos.

Pero cuando un niño se enfada, la emoción se desborda. Aún no tiene esas habilidades sociales para debatir pacíficamente lo sucedido. Y en ese momento de rabia, la reacción es puramente emocional. Y con esa rabia, y esa frustración, no puede resolverse nada.

El proceso natural es la intervención de un adulto, pero, a veces, ese niño o esa niña no quiere o no puede desahogarse con nosotros. Prefieren buscar la proyecto de convivencia en los centros El CEIP Juan Rufo comenzó el año pasado la experiencia de que fueran los propios estudiantes El papel del alumnado mediador presencia de otro niño, porque creen firmemente que los van a entender mejor.

Y desde esa perspectiva, y viendo la experiencia de otros muchos centros que ya lo llevan a la práctica desde hace años con fantásticos resultados, nos decidimos el curso pasado a incluir en nuestro Plan de Convivencia, y bajo la guía del Gabinete de Igualdad y Convivencia de Córdoba, la red de alumnos mediadores para la resolución pacífica de conflictos.

Iniciamos el curso 2017/18 con la selección y formación del alumnado mediador. Se explicó a todo el alumnado de quinto y sexto en que consistía la mediación, que es de carácter voluntario, y que aquellos niños y niñas que quisieran presentarse, debían reunir una serie de características para poder ayudar a sus compañeros. Presentaron sus candidaturas y se votó en cada curso la elección, lo que nos dio un total de ocho alumnos/as que forman nuestro equipo de mediación.

Durante todo el curso, prácticamente hasta mayo, tuvimos con ellos sesiones periódicas para formarlos en habilidades sociales y dotarles de herramientas que pudiesen ayudarles a mediar en los conflictos. Esto no quiere decir que el profesorado no intervenga, ni mucho menos; ellos y ellas saben que ante un conflicto grave es el adulto quién debe actuar. Su labor es presentarse a todo el alumnado del centro y darles confianza, tienen turnos y una identificación para que todos los niños y niñas puedan reconocerlos y acudir a ellos voluntariamente si desean que les ayuden. Y deben seguir unas pautas de actuación: escuchar a ambas partes cuando estén calmados, aclarar el problema, ayudar a proponer soluciones que ambas partes deben dar y llegar a un acuerdo que se registra por escrito y que respetarán todas las partes implicadas.

También hemos instalado un buzón, donde todos los niños y niñas de forma anónima pueden informar de situaciones que crean que pueden ser foco de conflicto o de prevención de actitudes que vayan en contra de la educación en igualdad, respeto, tolerancia, convivencia, etcétera.

Y aunque nuestra experiencia aún es breve, y tenemos mucho que aprender y mejorar, creemos firmemente en esa frase que un día leímos y que dice: «Si queremos que los niños aprendan a enfrentar y solucionar problemas, lo primero no es intentar evitárselos, sino guiarlos en el proceso».